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El adiós a Nicolás Ortiz: una huella que permanecerá en la ciencia patagónica
El pasado viernes 16 de octubre, Nicolás Ortiz, director del CCT CONICET-CENPAT, falleció repentinamente a los 52 años, dejando una profunda tristeza y una huella imborrable en la ciencia patagónica, en nuestra institución y en todas las personas que compartieron con él su camino.
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Nicolás nació en Buenos Aires el 11 de septiembre de 1974. Se licenció en Ciencias Biológicas en 2003 en la Universidad de Buenos Aires y, desde aquellos años, lo acompañó una pasión profunda por las ciencias del mar. En 2004 obtuvo una beca doctoral del CONICET e inició una carrera de investigación que estaría marcada por el estudio de los cefalópodos, en particular de los pulpos colorados que habitan las costas patagónicas.
Fue entonces cuando llegó a Puerto Madryn y se incorporó al CCT CONICET-CENPAT, la institución que lo vio crecer profesionalmente y la ciudad donde nacieron sus hijas, Alina y Lucila. Su trayectoria científica estuvo vinculada a la ecología y fisiología de cefalópodos, con un enfoque integrativo que combinó muestreos de campo, estudios histológicos, ensayos bioquímicos y mantenimiento de ejemplares en condiciones controladas. Horas de su vida pasó junto a sus colegas en el Laboratorio de Cefalópodos (LACEF). Sus investigaciones abordaron, además, cuestiones vinculadas con el manejo pesquero, el cultivo y la biología de otros invertebrados marinos con potencial aplicación en distintos campos.
Su compromiso con la formación de profesionales también tuvo un lugar destacado. Fue docente de la carrera de Ingeniería Pesquera de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Chubut, donde construyó vínculos y amistades que trascendieron las aulas.
Entre buceos en el mar patagónico, publicaciones científicas, ensayos de cultivo y experiencias compartidas con sus colegas, Nicolás también encontró espacio para otras pasiones. Integró “Los Caracoles Mochos”, la banda de percusión conformada por científicos del CENPAT, y disfrutaba de bucear, de viajar a otros destinos costeros para conocer nuevos paisajes y seguir explorando ese mundo que tanto lo apasionaba.
Con el tiempo, su trayectoria lo llevó a asumir nuevas responsabilidades. Primero, como director del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET), donde se desempeñaba como investigador independiente. Luego, el 10 de junio de 2025, aceptó el desafío de conducir el CCT CONICET-CENPAT, la institución que lo vio crecer.
Le tocó hacerlo en uno de los momentos más difíciles para la ciencia argentina, atravesado por restricciones presupuestarias, incertidumbre y un cuestionamiento creciente al valor de la inversión pública en ciencia y tecnología. En ese escenario, asumió la responsabilidad de conducir una institución compleja, con múltiples voces, necesidades y desafíos, procurando sostener el diálogo, construir acuerdos y cuidar a las personas que la integran.
Quienes compartieron con él la gestión y la vida institucional lo recuerdan como alguien capaz de actuar con criterio, justicia y ética incluso en circunstancias adversas. Una persona que buscaba equilibrar las aguas, aquietar las tensiones y abrir caminos posibles allí donde las diferencias parecían difíciles de conciliar. Su forma de conducir no estuvo exenta de desafíos, pero se caracterizó por la búsqueda de consensos y por la convicción de que el bienestar de las personas también forma parte de la tarea de hacer ciencia.
Él mismo lo expresaba con claridad al reflexionar sobre la vida institucional: “El bienestar de las personas en términos de lo que hacemos en ciencia y tecnología en la institución tiene que ver con el diálogo. Es un camino inexorable que tenemos que recorrer cuando hablamos de ello, y ahí surgen desafíos y controversias”. Y agregaba que ese camino “también abre nuevas puertas que no pueden quedar olvidadas”.
Durante su gestión, y a pesar de las dificultades del contexto, Nicolás pudo acompañar y concretar importantes hitos para nuestra comunidad. Entre ellos, la realización de una nueva edición de CENPAT Abierto, el fortalecimiento de los consensos en el Consejo Directivo y ser testigo de la organización de diversos congresos científicos de relevancia nacional.
Su mirada sobre la ciencia estuvo siempre ligada a su capacidad de generar respuestas y contribuir al desarrollo de la comunidad. Como investigador, encontraba una satisfacción especial en el momento en que el conocimiento producido podía trascender las publicaciones y convertirse en una herramienta concreta para otros sectores. “Esa amalgama entre los datos trabajados y publicados con la necesidad de un determinado sector productivo, que requiere de una síntesis de la información, es donde encontramos satisfacción; cuando esos datos van al terreno y pueden ser utilizados de una manera respetuosa con el medio ambiente”, sostenía.
Esta convicción también atravesó su visión sobre el papel del CENPAT y su vínculo con la sociedad. Nicolás defendía una ciencia pública capaz de dialogar con los sectores productivos, los gobiernos y las comunidades, y de aportar conocimiento para la toma de decisiones. En sus palabras: “Lo que se discute no solo es el financiamiento, sino también el valor de la inversión pública en la ciencia y en el conocimiento en general”. Frente a quienes planteaban una oposición entre ciencia básica y aplicada, insistía en que ambas son inseparables: “No hay ciencia aplicada si no hay ciencia básica. Esto sostiene a la ciencia en el mundo, no solo acá”.
En esa misma línea, destacaba los avances logrados en materia de transferencia tecnológica hacia empresas, gobiernos locales y provinciales, y el sector turístico. Para él, el conocimiento generado en el CENPAT debía estar al servicio de la sociedad. “Consideramos que es muy importante que la sociedad se apropie de nuestro conocimiento porque lo que hacemos en el CENPAT es para la sociedad”, afirmaba.
En el último aniversario de nuestra institución, sus palabras reflejaron tanto el orgullo por el camino recorrido como la preocupación por el presente de la ciencia argentina. “Celebramos este 56 aniversario con la convicción de hacer ciencia desde la Patagonia, reconociendo todo el trabajo hecho sin desestimar los problemas que estamos atravesando”, expresó. En su mensaje, reivindicaba el esfuerzo de quienes construyen cotidianamente la institución, sin dejar de advertir sobre las dificultades que erosionan las condiciones necesarias para investigar.
Hoy, sus palabras adquieren una dimensión especial. La partida repentina de Nicolás deja un vacío profundo entre sus colegas, amistades y seres queridos. Queda el recuerdo del investigador apasionado por el mar, del docente comprometido, del compañero de proyectos y encuentros, y del director que asumió la responsabilidad de conducir nuestra institución en tiempos difíciles, procurando sostener el diálogo, encontrar puntos de encuentro y cuidar los vínculos que hacen posible el trabajo colectivo.
Su ausencia se hará sentir, pero su paso por nuestra institución, su compromiso con la ciencia pública y su manera de construir comunidad permanecerán en la memoria de quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y trabajar con él.
Nico deja una huella en nuestra historia y en nuestra comunidad. Una huella que el tiempo no borrará.